En 1890, un año después de que la Torre Eiffel se abriera como la pieza central de la Exposición Universal de París, el escritor Henri Girard declaró que Gustave Eiffel, el arquitecto creador de la emblemática estrucutra, se había convertido en “el objeto de la envidia en general entre los habitantes de París”. Esta envidia, según Girard, no fue inspirada por la fama que había acumulado Eiffel, o por la fortuna que la torre le reportó, sino más bien por una característica de diseño único que había incluido en la torre. Eiffel había instalado un apartamento privado en la cumbre de su colosal torre al que sólo él tenía acceso.


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